viernes, 28 de marzo de 2008

El jugador, (relato corto)

Aquella noche del 22 de dicembre era especial para Pau y Andrés, mientras se dirigían hacia el casino Pau sentía como si se asomara al vacio, Andrés conducía en silencio cuando pronto vieron las luces de neón del Casino Marbella y ambos de forma inconsciente sabían bien lo que iba a ocurirrir.
Pau había tenido una de esas malas rachas, sólo le quedaba su apartamento y ahora se disponía a jugar el dinero de una segunda hipoteca sobre él , tenía puestas todas sus esperanzas en esa noche de luna llena. Andrés conocía la situación de Pau, pero ya antes se habían visto en situaciones parecidas y como Pau esperaba que la diosa fortuna les fuese favorable una vez más. Dejó las llaves del coche al mozo de la puerta y entraron los dos en la sala de juego y el vértigo del juego, esa sensación que sólo los adictos conocen les recorría la espina dorsal, se dirigieron directos a la ruleta francesa, por fin Pau rompió su silencio y dirigiéndose a Andrés con una mirada un tanto fría e indiferente le dijo el momento de la verdad ha llegado.
Se sentaron en la mesa, eran buenos clientes y les llevarían las fichas a sus asientos, el cuprier era nuevo no estaba la chica de la semana anterior, Andrés pensó que era una buena señal para Pau, la chica, pensaba él, le había traido mala suerte y sin duda ella era la causa de la mala racha de Pau y de sus ciento ochenta mil euros perdidos en dos días, pidieron sus fichas Andrés cambio sólo treinta mil euros, dado que únicamente venía hoy para acompañar a Pau, que cambió sus doscientos mil últimos euros. El acento del nuevo crupier les indicó a ambos que procedía de Europa del este, el mismo jefe de sala era rumano y se acercó amablemente a invitarles a una copa y a desearles suerte, a Pau le pareció un gesto hipócrita, ese casino y esa ruleta le habían hecho perder todo cuanto tenía que menos que una buena botella de Moët Chandon, Estephan, así se llamaba el jefe de sala no puso objeciones y encargó de inmediato la botella.
Los dos viejos amigos brinadron antes de comenzar el juego, Andrés jugaba apuestas bajas de cien euros al rojo por juego, mientras que Pau empezó con quinientos al veintidos, y otros mil a los tres números, quería comprobar cuales eran las sensaciones de esa noche empezar ganando sería sin duda un buen presagio, un nova más y el sonido de la bola rodando por la ruleta y golpeando los casilleros le indicó que la suerte estaba echada, se quedó mirando fijamente el girar de la ruleta como y su mente empezó a recordar a Laura gritándole después de haberse echo una raya de cocaína adulterada, la había conseguido Andrés, sus combulsiones y cómo finalmente dejó de respirar, las imágenes del traspaso del restaurante, los acreedores, no dejeban de darle vueltas en su cabeza hasta que la maldita bola se paró en el cero y el crupier recitando la casa gana, le sacó de su ensoñamiento, y aunque no quiería reconocerlo sabía que esa era su última noche con Andrés. Siguieron jugando y a mitad de la noche Andrés se mantenía sin perder no ganar, a Pau le restaban sus últimos treinta mil en la mesa, se levantó para descansar un rato, así se lo dijo a su compañero, y se dirigió a la barra a pedir un whisky, Estephan se le acercó y le preguntó que como iba la noche y Pau resignadamente le comentó que quizá se trataba de la última noche que le viería por el casino, pensó que total daba igual mantener las apariencias y se sincero con Estephan, prácticamente un desconocido, le contó cómo en los últimos meses había perdido su restaurante, como la chica de sus sueños le había abandonado, la venta de su Porsche Carrera para pagar las deudas y que ahora se jugaba lo último que tenía su apartamento a pie de playa.
Estephan le escuchaba sin importarle nada de lo que Pau contaba, mientras le oía contar con una total indiferencia cómo lo había perdido todo, sopesaba estudiándole si Pau sería un buen candidato, Pau apuró su copa y se despidió de Estephan pensando que no volvería a verle, con paso firme se dirigió a reanudar el juego, mientras se dirigía a la mesa pensó que el trece sería un buen número para poner fin a la lenta agonía de aquella noche, se sentó y sin pensarlo colocó sus treinta mil sobre el trece, el crupier miró de soslayo a Estephan que asintió con la cabeza indicándole que aceptara la apuesta y se dirirgió al despacho del director convencido de que Pau podría ser una buena presa, así se lo pensaba vender a Vladimir.
La ruleta rodó de nuevo, la bola golpeteaba en las casillas y sería la última vez para Pau, se quedó impertérrito cuando vió salir el cero, se levantó son decir nada y se dirigió a la salida, Andrés recogió sus fichas y le siguió no se atrevía a decirle nada a Pau, cuando estaba cambiando sus fichas una camarera se les acercó y se dirigió a Pau invitándole al despacho del director, Pau estaba como ido simplememente asintió con la cabeza y la siguió cuando Andrés intentó hacer lo mismo la camarera le indicó que él no estaba invitado. En la puerta del despacho estaba Estephan mostrando una hipócrita sonrisa, adelante caballero, le dijo a Pau, que todavía no había calibrado bien las consecuencias de esa nefasta noche de juego.
El despacho estaba decorado de forma clásica con sillones de cuero negro y paredes de caoba, una moqueta verde cubría el suelo y al fondo un gran escritorio tras el cual estaba sentado Vladimir, también conocido como el Ruso, encendiendo un Cohimbra, se presentó a Pau y le invitó a que se sentara, en uno de los dos sillones que estaban delante de la mesa, Estephan tomó asiento en el otro. Vladimir se dirigió a Pau diciéndole:
-Tengo entendido que a perdido usted una buena suma esta noche.
-Así es, contestó Pau
-Según me ha contado Estephan no ha tenido una buena racha últimamente, no es así ¿señor?.
-Me llamo Pau Escobar, y sí la racha ha sido algo más que mala.
-Bien señor Escobar, usted puede llamarme Vladimir, cuánto de mala ha sido su racha…
-Bueno no creo que eso sea de su importancia señor Vladimir.
-Se equivoca, me importa y mucho, verá en mi oficio he visto a muchas personas arruinarse en el juego y cuando se trata de un casino es mucho dinero, pasan de ser personas de la alta sociedad ha convertirse en personas de la más baja suciedad, mujeres que llegan a prostituirse, hombres que si no acaban suicidándose, terminan en la cárcel, en fin hoy está usted en esa misma situación, y permítame señor Escobar que le ofrezca una salida, ¿le interesaría la posibilidad de reuperar todo lo que ha perdido?, no tiene nada que perder y sí mucho que ganar, ganaría su vida, ¿qué me dice?
-No sabría que decirle…, ¿qué tendría que hacer?
-Jugar, señor Escobar, jugar, es eso lo que más le gusta…
-Sí pero no me queda nada que jugarme.
-Bueno, no estoy de acuerdo, sí yo le ofrezco recuperar su vida, con todo aquello que perdió, sería justo que jugásemos con ella, ahora mismo su vida no vale nada, pero puede apostársela y recuperaría una vida que sí valdría algo. Su deuda sería de dos millones de euros, sí gana cada partida recuperaría cinceunta mil euros, cuarenta partidas ganadas y tendría una vida, o bien puede usted marcharse y no sé quizá tenga suerte y tenga un accidente y no llegue vivo a casa aunque lo dudo mucho señor Escobar.
A Pau ya no le importaba mucho nada, ya antes de llegar ya no tenía demasiado interés por seguir viviendo, el juego para el era una forma de autodestruirse, para otros son las drogas o las mujeres cualquier cosa, Pau llevaba en la sangre ese frenesí autodestructivo, que enmascaraba diciéndose a sí mismo que le encantaba el riesgo, de manera que sin pestañear preguntó:
-¿a qué habría que jugar?
Vladmir se carcajeó, vaya señor Escobar es usted un tipo duro, a la ruleta, pero no a la francesa si no a la de mi patria, la Rusa. Pau a partir de entonces perdería casi por completo su nombfre de pila, desde ese momento todos se dirigirían a él como Sr. Escobar o simplemente Escobar, dependiendo del rango que ocuparan en el entramado de la mafia rusa que era dónde había ido a parar.
Andrés estaba ya un poco desesperado Pau llevaba casi media hora hablando en aquel despacho, el cual ahora le parecía un tanto tétrico, de pronto la camarera que había invitado a Pau al despacho apareció de nuevo, le comentó que el Sr Escobar no iba a acompañarle, que tenía asuntos que arreglar en el casino, y que su coche estaba en la puerta esperándole. A Andrés todo aquello le parecia un tanto raro pero estaba verdaderamente enfadado con Pau por lo que decidió macharse.
Subió al coche un tanto irritado y antes de que conectara la llave un hilo de pesca de acero le envolvió el cuello, intentó resistirse pero cuanto más se movía más rápido perdía el aire de sus pulmones y el hilo de acero fue clavándose en su cuello hasta rasgarle la yugular izquierda, todo aquello se lleno de pronto de sangre, el aparcacoches acudió raudo a ayudar, apartó a Andrés del asiento del conductor y se llevaron el coche a la parte trasera del casino, donde disolverían el coche, a Andrés y toda la ropa machada de sangre en un gran tanque de un potente ácido sulfúrico.
Vladimir no quería perder tiempo, y se dirigió a Pau impiliéndole a jugar esa misma noche, Pau estaba ansioso y aceptó el reto. Le pusieron una capucha negra y le suvieron a una limusina, condujeron durante una media hora y se pararon en un caserón antiguo.
Estephan le ofreció algo de opio para calmar los nervios, pero Pau se encontraba extrañamante tranquilo y en paz, de manera que rechazó la droga que le ofreció Estephan. Cuando entraron en el caserón se oyó un disparo seguido de unos vítores, aplausos y carcajadas, alguien había ganado muchos euros por aquellos sesos reventados.
Vladimir le explicó el juego a Pau, se sentaría junto a cinco jugadores, jugarían con una venda en la cabeza y con un revólver 38 especial con un tambor de seis balas, se sortearía el orden de los disparos a las cartas de forma tal que el orden de los disparos vendría dado por las cartas ordenadas de menor a mayor, -bueno chico ahora es tu turno, no nos dejes en mal lugar- le comentó finalmente Vladimir a Pau.
Pau se acercó a la mesa y se echaron las cartas, su turno fue el tercero, los dueños de los jugadores habían realizado sus apuestas que no bajaban de seis ceros, y se aproximaban a la mesa, en primera fila.
Los jugadores debían apuntar siempre su arma de manera que la bala fuese a rebotar contra un pared situada al final del salón. Comenzaba el juego y Pau rodeado de todos aquellos desdichados, podía oir sus respiraciones jadeantes y sus aceleradas palpitaciones, pero él seguía con la misma tranquilidad pasmosa con la que salió de la limusina.Entonces empezó a pensar en Andrés, en cómo le presionó para que averiguara de dónde provenía aquella porquería que le proporcionó a Laura y mientras estuvo pensando en aquello le llegó su turno, cogió el revólver mientras recordaba las palabras de Andrés –la trajeron los rusos un tal Vladimir, eso es todo lo que he podido averiguar, lo siento Pau- se levantó de la mesa y apuntó al mafioso ruso, su dueño, descargo dos intentos fallidos, Vladimir trataba de escabullirse y de sacar su arma, pero todo fue demasiado rápido, en el quinto intento la bala explosionó, también se reventaron unos sesos pero en aquella ocasión no se oyeron aplausos ni vítores, sólo se oyó el corpulento cuerpo de Vladimir desplomándose en el suelo.

No hay comentarios: